lunes, 13 de junio de 2011

Delirio


Acaricio tu nombre
con el cursor del mouse.

Me quedo ahí,
flotando sobre esas letras que te nombran,
como si rozarlas
fuera tocar la idea de ti
sin romper el hechizo.

Es una caricia muda,
digital, sin cuerpo...
pero no sin ternura.

Quizá sea una manía,
o un delirio vanguardista:
amarte con la yema del dedo,
desde el otro lado del cristal.

Versión Original 13 de junio de 2011
Versión revisada 24 de agosto de 2025


domingo, 12 de junio de 2011

Ciclo de lluvia

Un día dijiste:
—Cuando vayas al mar,
háblale de tus penas.
Pídele que aclare
las borrascas que te ciegan.

Y así lo hice.
Me sumergí en su azul,
me columpié en sus aguas,
me arrullaron sus olas…
y mi alma, al fin, se confesó.

La verdad desertó mi pecho,
diluida en lágrimas tibias,
lamentos tristes y cobardes
que nunca se atrevieron a hablar,
ahogados en un mar tardío,
turbio de agua y sal.

El sol incendió el océano.
El rey de fuego sublimó las aguas
y las elevó hasta el cielo,
soplo de nubes blancas,
cargadas de sentimientos
que nunca fueron palabras.

Las gotas en las alturas
navegan achubascadas,
desbordantes de huellas tuyas,
alzadas en alas grandes,
emisarias encubiertas
de latidos… y de ganas.

Nubosos pensamientos,
tempestades silenciosas,
se amontonan en la noche
y te buscan sin demora.

Si alguna vez te llueve un aguacero,
si te habla,
si te toca…
escucha atento el "te quiero"
que el mar le enjugó a mi boca.


versión revisada 24 de agosto de 2025


jueves, 5 de mayo de 2011

El ciclo del llanto reprimido

Adviértase:
reprimir el llanto puede doler más que la pena que lo provoca.
Es un acto de violencia contra el alma,
una negación de lo humano.

Hay un instante previo —
sutil, apenas perceptible—
en el que los ojos, lacerados,
están al borde del desborde.
Lágrimas clandestinas tiemblan en la orilla,
contenidas por orgullo, por miedo, por mandato.
Y si no se les permite caer,
implosionan.
Se convierten en olas negras que revientan hacia adentro,
rompiendo en silencio el muro del alma.

Entonces la nariz, próxima víctima,
se enrojece.
Se anega de desconsuelo espeso.
No le queda otra que sorber
el flébil moco del dolor no expresado.

El brebaje invasor, cada vez más denso,
baja por la garganta.
Se estanca a medio camino.
Obliga a tragar grueso,
a empujar el tormento viscoso
para hundirlo en lo profundo.

Una vez en el pecho,
la ola —engendro de pena líquida—
se expande sin clemencia.
Se hincha. Se agiganta.
Se vuelve tsunami
y lo inunda todo:
pulmones, costillas, memoria.

Una inspiración desesperada
es lo único que impide el ahogo.
El aire, entonces, reconquista el espacio
y obliga a la oscuridad a descender.

La ola negra se sumerge,
pero no se disuelve.
Allí, en las entrañas,
se mezcla con el torrente venenoso del dolor,
y bulle.
Se transforma.

Se vuelve gas ácido.
Sube en forma de angustia evaporada,
y asciende por el espinazo
como un lamento sin voz.

Los ojos, esos centinelas de cristal,
atrapan el vaho amargo.
Lo funden en lágrimas que no caerán.
Gotas inmóviles,
prisioneras de su curso natural.

Lágrimas condenadas
a repetir, una y otra vez,
el cruel ciclo del llanto reprimido.


Versión original 06 de mayo de 2011

Versión revisada 24 de agosto 2025


lunes, 25 de abril de 2011

Zarpa


Con tu mano de seis dedos
atizas mil zarpazos,
y compones esos versos
huérfanos de abrazos,
escasos de ternura,
llenos de arañazos.

Con esa mano tú escribes,
espinas crueles narras,
relatos brunos que encarnan
condenas llenas de saña.

Las musas caen de pena,
lloran desconsoladas,
despeñadas desde riscos,
laceradas por tus zarpas.


versión revisada 24 de agosto de 2025


miércoles, 20 de abril de 2011

A tu silencio…

Silencio que vives en la boca que quiero,
silencio que grita,
silencio que habita un minuto eterno.

A ti te imploro:
no te deleites en mis tormentos.

Silencio, estrépito, vuélvete mudo;
trae palabras que, junto al viento,
sequen mis lágrimas
con la corriente de mil y un versos.

Silencio cruel,
engendro aberrado de su derecho,
mi corazón atacas desde parajes
planos y opuestos:
balas perdidas,
vuelos violentos,
zamuros negros
que ahíncan garras
en un despojo ya casi muerto.

Silencio salvaje,
agonizantes yacen mis restos.

Silencio hambriento,
busca otros votos,
busca otros fieles,
busca otros puertos.

Viola otra boca,
vete al exilio —
soy mártir yerto.

Silencio absurdo, disparatado,
hazte bien lejos.

Salta al vacío,
deja sus labios,
silencio frío.

Cuando te vayas,
saldrán las hojas,
y las palabras,
y los latidos.

Y volverán frondosas
las letras verdes
como los pinos.

Revisado 24 de agosto 2025


sábado, 16 de abril de 2011

yo por ti


Yo por ti,
robé las tuercas de Henry James,
desarmé sus mecanismos con manos de sombra
y les di cuerda con el pulso del deseo.

Me apropié, sin culpa, de la poesía de Neruda,
deshojando sus metáforas
hasta convertirlas en besos indecentes
sobre la página de tu piel.

Falsifiqué los trazos dorados de Klimt,
las líneas inquietas de Schiele,
pintando tus formas en muros invisibles
donde sólo yo podía verte.

Desvalijé los cuentos de los hermanos Grimm,
guardé en mi bolsillo los finales felices
y reescribí las moralejas
con tinta de fiebre.

Arranqué las flores de Barrie
en los jardines invisibles de Kensington,
persiguiendo la fragancia de tu risa
más allá del polvo de hadas.

Suplanté al sultán
por mil y una noches,
y en cada una,
te inventé una historia
para que no dejaras de soñarme.

Con el botín de todos los mundos
construí un edén clandestino
entre los paraninfos de una ciudad que ya no existe,
donde el saber era delirio
y el amor, una lengua extinta.

Me reflejé en espejos de cielos rasos,
me busqué en las grietas de su luz artificial,
deliré en cantos lunares
que sólo se escuchan al borde de la locura.

Yo por ti…
trasgredí el arte,
el tiempo,
la lógica,
el juicio.

Yo por ti…
aluciné.

Versión original 16 de abril de 2011
Versión revisada 24 de agosto 2025

viernes, 15 de abril de 2011

Quimera


Pretendes descifrar
la hondura del resplandor,
como si la luz no pudiera doler,
como si el abismo no supiera brillar.

Afirmas saber
si lo que tiembla en el rostro
es una sonrisa o una herida que disimula.

Te jactas de distinguir
la brisa que acaricia
de la borrasca que desgarra,
como si el aire no pudiera ser filo.

¿Es esto lluvia de acero
o la caricia líquida de un prado verde?

El universo no responde.
Es una dualidad inclemente,
que gira hacia adentro,
sin pausa,
sin tregua,
sin juicio.

Violenta oleada de ilusiones,
torbellino de espejismos,
verdades que se quiebran
como cristales en las manos del alma.

Y al final,
solo quedan dos lágrimas azules,
cayendo con la furia de una tempestad
que nadie supo nombrar.


Publicado 15 de abril 2011
Revisado 24 de agosto 2025