lunes, 27 de junio de 2011

Cuando nadie los ve

       

Los ruidos de la noche retumban en simetría con la oscuridad.

Las máscaras despiertan.

Los diablos bailan frenéticos,
dan giros al compás de un tambor invisible,
con sus satánicas miradas perdidas en la nada.
Se mueven entre las sombras,
como perros rabiosos en trance,
un ritual de cuernos, colmillos y furia ancestral.

Furiosos colores centellean
en los rostros desfigurados de los jerarcas demoníacos,
las máscaras mayores de la cofradía.
Sus gestos, tallados con devoción,
arden de una vida que nadie ha visto… aún.

Y entonces —clic—,
se enciende la luz.

Al unísono, caen al suelo
como un chaparrón de piedras pesadas.

El viejo artesano entra.
Trae entre sus manos una nueva obra:
una máscara aún dormida.
Con cuidado, la acomoda junto a las otras.

Sin saberlo,
acaba de sumar un danzante más
al aquelarre secreto
que ocurre…
cuando nadie los ve.


lunes, 13 de junio de 2011

Delirio


Acaricio tu nombre
con el cursor del mouse.

Me quedo ahí,
flotando sobre esas letras que te nombran,
como si rozarlas
fuera tocar la idea de ti
sin romper el hechizo.

Es una caricia muda,
digital, sin cuerpo...
pero no sin ternura.

Quizá sea una manía,
o un delirio vanguardista:
amarte con la yema del dedo,
desde el otro lado del cristal.

Versión Original 13 de junio de 2011
Versión revisada 24 de agosto de 2025


domingo, 12 de junio de 2011

Ciclo de lluvia

Un día dijiste:
—Cuando vayas al mar,
háblale de tus penas.
Pídele que aclare
las borrascas que te ciegan.

Y así lo hice.
Me sumergí en su azul,
me columpié en sus aguas,
me arrullaron sus olas…
y mi alma, al fin, se confesó.

La verdad desertó mi pecho,
diluida en lágrimas tibias,
lamentos tristes y cobardes
que nunca se atrevieron a hablar,
ahogados en un mar tardío,
turbio de agua y sal.

El sol incendió el océano.
El rey de fuego sublimó las aguas
y las elevó hasta el cielo,
soplo de nubes blancas,
cargadas de sentimientos
que nunca fueron palabras.

Las gotas en las alturas
navegan achubascadas,
desbordantes de huellas tuyas,
alzadas en alas grandes,
emisarias encubiertas
de latidos… y de ganas.

Nubosos pensamientos,
tempestades silenciosas,
se amontonan en la noche
y te buscan sin demora.

Si alguna vez te llueve un aguacero,
si te habla,
si te toca…
escucha atento el "te quiero"
que el mar le enjugó a mi boca.


versión revisada 24 de agosto de 2025